“A la elite del fútbol llega 1,4 cada 1.000 niños”, dice Garay, DT de las inferiores de la selección durante más de 10 años – Información – 27/11/2022

Durante 35 años Alejandro Garay se dedicó a dirigir divisiones inferiores de cuadros locales. En 2010 se sumó al proceso de Washington Tabárez, hasta fines de 2021. Es uno de los profesionales que más sabe de formación de jóvenes futbolistas y sostiene que enseñar en valores es clave para ser un deportista de elite. También sostiene que los más pobres corren con desventajas, que luego logran suplir con miles de horas de juego.

-¿Cuántos años hace que se dedica a dirigir formativas?

-Desde 1987, con algún corto período en el que no trabajé o dirigí en primera división. Me lesioné a los 26, me rompí el ligamento cruzado, me operé y a los 28 dejé. Jugué en Cerro, Rampla, Cerrito y un tiempo en Venezuela. Mientras intentaba recuperarme hacía el curso en el ISEF, y después empecé a trabajar desde este otro lugar en Cerro, Rentistas, el Tanque, Danubio, Nacional y, cuando el maestro (Tabárez) volvió de Sudáfrica, en 2010 me convocaron para la selección sub 15. Fueron 12 años de trabajo en sub 15 y un tiempo en sub 17. Me fui el 31 de diciembre.

-¿Cómo cambió en todos estos años el fútbol de formativas?

-Hoy sucede en la sociedad, y en el fútbol también, que aparecen estímulos que los jóvenes no pueden elaborar. Hoy es mucha la información que está en las redes y no están preparados para asimilarla. No los preparó la casa y no los preparó el colegio para generar juicios de valor sobre esa información, entonces ellos la incorporan y copian hábitos que a veces no son los mejores. En esos aspectos es en los que trabajábamos más en la selección y en los que yo creo que hay que trabajar con los chiquilines.

-En materia de profesionalización, ¿también cambió el trabajo de los más jóvenes?

-En sub 15 todavía se logra mantener un espíritu amateur. En la selección del maestro Tabárez había una metodología que él llamó de las tres “e”: enseñar, entrenar y evaluar. Entonces estaba involucrada la parte futbolística, pero también la personal, que tenía que ver con el desarrollo humano. El proceso trabajó en hábitos. Lo que diferencia a un futbolista de elite de los otros es saber asimilar esos hábitos.

-¿El contexto condiciona a la hora de llegar a ser un deportista de elite?

-Mucho, pero también es verdad que hay excepciones. La tecnología y la ciencia han ido paliando algunas carencias, pero nunca puede hacerse que un individuo incorpore aquello que no tuvo desde su gestación hasta los mil días de vida. Si mis padres son adictos, yo seguramente voy a dar ventajas. El futbolista que está preparado integralmente es el que tiene mayor capacidad de decisión y la toma de decisión en el juego es determinante.

-¿Cómo incide la alimentación? ¿Se encontraban con casos de chiquilines que no estaban bien alimentados?

-Claro, eso sucede. Cuando les tocaba convivir con la selección mayor les decíamos: “miren como comen, como se alimentan”. Porque claro, muchos chiquilines iban a comer para llenarse. El que pasó hambre quiere comer todo lo posible. Entonces, incorporar los hábitos es desestructurar cosas que ellos tienen desde que nacieron. Lo que pasa es que claro, hay que pensar que algunos de ellos tuvieron que pelear para pinchar antes que un hermano una milanesa.

-¿Los clubes intervienen para que los jóvenes se puedan alimentar bien?

-Eso es normal, tanto por casos de carencia como de abundancia. El entrenamiento de los niños no termina en el campo, porque a veces te llaman a vos antes que a sus padres. Se dan casos de episodios de violencia en la casa, y las adicciones son pan de todos los días. Esas cosas nos llegan a nosotros, porque lo primero que construimos los entrenadores es confianza con los chicos.

-¿Hay casos de jugadores que vienen muy bien pero el entorno termina conspirando contra ellos?

-Sí, o sufren un episodio serio desde el punto de vista social que psicológicamente lo descalabra. Lo he visto: desde perder un hermano por un hecho de violencia o problemas de adicciones, a tener que ir a visitar a un papá a la cárcel.

-¿Les cambia la manera de jugar?

-Tanto así que algunos desaparecen. Los clubes no están todos preparados para estas situaciones. El maestro se pasó mucho tiempo pidiendo asistentes sociales. Antes se pedían entrenadores para goleros, con Tabárez se pedían recursos para atacar el componente humano, que muchas veces es el que causa mayores estragos.

-Antes la historia del jugador de fútbol parecía ser siempre la de Maradona: el niño pobre que sale del campito (o del potrero) y se convierte en estrella. ¿Esto sigue siendo así o la alta competencia actual hace que a los más pobres les sea más difícil llegar que a los otros?

-Muchos futbolistas siguen saliendo de esos lugares más pobres. Es más, salir de esos lugares los favorece mucho en las primeras etapas de aprendizaje. El chiquilín de clase media a veces da mucha ventaja, porque muchos viven en apartamentos. Los otros generan habilidad en espacios más libres, donde tienen más tiempo para el juego, donde muchas veces sus padres no están. El niño de clase media, o alta, a veces se queda con la empleada que no lo deja salir, y juega solo en ciertos horarios, cuando va al baby fútbol o a la escuelita de fútbol. Otra cosa que pasa es que este es un deporte que se aprende jugando, por eso las escuelitas deberían copiar lo que pasa en el campito: dejar jugar sin condicionar el juego. Los europeos, por ejemplo, hablan de sujetos en desarrollo del talento o expertos. El sujeto experto es el que tiene un acumulado de 10.000 horas de trabajo organizado; se trata de personas que tuvieron 1.000 horas por año de trabajo metódico, organizado y pensado en una década. A veces acá nos encontramos con un chico de 16 años que tiene más de 10.000 horas de juego. Tienen ya todas las habilidades incorporadas y lo que les falta son hábitos e interpretación del juego.

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