derecho y futbol

viernes, 25 de noviembre de 2022

Esta no es una crónica sobre derecho deportivo, pero es un resumen de las lecciones que el fútbol -como deporte; no como negocio – nos deja abogados.

En el fútbol, ​​la historia, las estadísticas y la composición del equipo sugieren que las posibilidades de ganar o perder un partido son mayores. Inclusivo: la historia de un equipo, aunque no sea el mejor, puede dar la ilusión de ser el favorito.

En derecho, se cree que el abogado hace la ley. Es decir: en las disputas, en las negociaciones, en todo, parece que pesan más otros aspectos extrajurídicos que los jurídicos. Y los abogados nos hemos encargado de posicionarnos mucho mejor en asuntos que no son legales.

¿Que quiero decir? Un juicio, por ejemplo, es como un partido de fútbol. El contexto, los antecedentes, la plantilla… todo eso es una ilusión, porque es en el campo, o en la cancha, donde se desarrolla el partido.

Técnica, pasión, respeto por los demás y por el juez, profundidad, todo eso es lo que caracteriza al buen hacer. Que lo digan Arabia Saudita y Japón, jugando contra dos de los mejores equipos del mundo.
Y bueno. Hablemos de las segundas instancias. Hay que ver en los partidos de fútbol cuando, durante un ataque en el área del otro equipo, hay algún tipo de roce, golpe o mano, y el equipo atacante lo reclama incansablemente, mientras que el equipo defensor afirma que no pasó nada. Todos enloquecen contra el árbitro.

Aquí está la “segunda instancia” (que no es así en el fútbol, ​​porque siempre es el árbitro quien decide): el atacante quiere volver a verse con el VAR, y los defensores quieren seguir jugando. Algunos quieren que la justicia sea lo más justa posible y otros quieren que la justicia se asemeje más a su percepción de la justicia. Este es el caso doble.

¿Cuándo será el día en que los abogados dejen de interponer recursos por interponerlos? Que la justicia sea justa, y cuando no lo sea, cuando estemos convencidos de que no lo es, busquemos que la justicia sea lo más justa posible (artículo 28, numeral 13 del estatuto del abogado: es nuestro deber prevenir innecesaria y litigios inocuos o fraudulentos).

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