duelo y resurrección en ocho bits

Hay algo en las películas Fondo Iván es conmovedor y deslumbrante sin acercarse nunca a las lágrimas. La melancolía que recorre el cine del argentino, hacia la libertad de un cine social y todo lo contrario, no es un lastre, sino que aligera sus producciones. Así lo hizo en la excepcional “Los labios”, de 2010 y que le catapultó al mapa mundial de los cinéfilos gracias al Festival de Cannes. Y así comienza de nuevo “Piedra de la noche”, que se estrenó en la sección paralela del pasado Festival de San Sebastián y que ya está en nuestros cines. Lo repite con un Maricel Álvarez (“Toublanc”) quien, según cuenta, se unió al proyecto sin siquiera leer el guión. Porque en realidad nunca hubo un guiónsólo unas pocas páginas que indicaban por dónde debía ir la historia.

R) Sí, “Piedra de la noche” Nació de una idea de un buen amigo de Fund, quien le cedió los derechos para la elaboración de la historia. Aquí, una pareja intenta recuperarse de la pérdida de un hijo. A partir del duelo, el director hace crecer la película hasta entrar de lleno en la ciencia ficción, incluso imagina un Kaiju misterioso y nocturno, y mezclando culpa y pereza, con un videojuego y una consola como combustible. De lo costumbrista a lo casi arquitectónico -son notables los planos en los que Fund juega a ser un Jacques Tati de lo oscuro-, “Piedra noche” puede entenderse como una de esas películas aparentemente sobre nada que, en manos de un artesano, se convierte en una excusa para seguir reflexionando.

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