Expectativas del fútbol club, por Sergi Pàmies

La línea que separa “aquest any, yes” de “regresamos a nuestras viejas costumbres” es casi invisible. En la estructura psicológica de muchos culés existen realidades paralelas que, según las circunstancias, empujan el estado de ánimo hacia la euforia o el fatalismo. Las circunstancias han cambiado y así lo ha descrito Xavi, más brillante en el diagnóstico que en el tratamiento. Xavi dijo dos cosas tras empatar contra el Rayo: ‘Lástima’ y ‘Quizás nos pesaban demasiado las expectativas’.

La sanción es evidente. Las expectativas, por otro lado, son un tema más discutible. Antes del partido, Xavi elogió el ambiente en el Gamper y la actitud en la grada. Durante la presentación del equipo hizo un llamado a la unidad (¡incluso al periodismo!), quién sabe si porque intuyó que la fragilidad del equipo requiere una cohesión social indulgente y paciente. Es la misma paciencia que, junto a otras palabras y portavoces, se ha pedido a la afición durante la pandemia, cuando de Messi a Koeman han evolucionado la consigna de “no basta” del argentino en “que yo sepa lo que hay”. de los holandeses En los últimos meses, la directiva ha decidido revolucionar esta inercia de realismo resignado. Lo hizo con inversiones que, según los ánimos, nos parecían audaces o suicidas, y con fichajes que entorpecían la entrada y salida de la plantilla. Un atasco que ha creado, además de muchas expectativas, una comprensible confusión entre los jugadores con contrato vigente.

Hay futbolistas que a estas alturas aún no saben si forman parte del proyecto

Las expectativas del entorno pueden ser monstruosas, sí, pero lo son porque las promesas de cambio e ilusión han ganado las elecciones, por el potencial de las firmas y porque la propaganda-trépano nos inocula dogmas unánimes y sin crítica. Si la directiva está militantemente impaciente, ¿por qué no pueden estarlo los aficionados? Según esta propaganda, las expectativas y la ilusión son parte de la solución, y precisamente por eso no será fácil compaginarlas con un partido tan mediocre como el del sábado, que una tarde recordó a la banda kazoo encabezada por los más indolentes. Setién o el Koeman más rudo.

Las primeras expectativas que debe aclarar el Barça son las de los jugadores. Hay futbolistas que no saben si forman parte del proyecto y hay otros que notan corrientes de expulsión que les obligan a desanimarse. También hay casos perversos, como el de Jordi Alba, que tuvo un partido tan mediocre como los demás, pero que, por motivos sociomediáticos y percepción elitista, no pudo librarse de la etiqueta de candidato repeliendo a reality show mientras era uno de los grandes laterales de este equipo y no consta que amenazara con una pistola a los directivos que firmaban los contratos y renovaciones.

El entrenador español del Barcelona, ​​Xavi, habla con los jugadores durante el partido de fútbol de la liga española entre el FC Barcelona y el Rayo Vallecano de Madrid en el estadio Camp Nou de Barcelona el 13 de agosto de 2022. (Foto de Pau BARRENA / AFP)

Xavi Hernández instruye a sus jugadores durante una pausa para hidratarse

PAU BARRENA / AFP

Las expectativas pueden poner rígidos a los jugadores, está bien, pero primero deben tener una identidad definida. Y si empezamos a dejar de lado a Araújo, no le decimos a Lewandowski que al Camp Nou no le gusta mucho que le pidan aplausos, cortocircuitamos a Raphinha y Dembélé y convertimos a De Jong y Piqué en héroes hamletianos, consignas “eso es todo, si” y “estamos volviendo a nuestras viejas costumbres” terminarán siendo sinónimos intercambiables.

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