Gobiernos, fútbol y política

La Copa que se disputa en Qatar ha reavivado varios debates en las últimas semanas. Sobre todo por las declaraciones de funcionarios de Argentina y otras latitudes que se refieren a esta cumbre del fútbol para ganarse la simpatía de la gente, mostrar sensibilidad social o tapar los graves problemas que afectan a la población.

Sin embargo, la política que utiliza deportes antiguos para disfrazar la realidad no es nada nuevo. Ya en el siglo II d.C., el poeta satírico Décimo Juvenal acuñó la conocida expresión panem et circenses (pan y circo) para caracterizar la estrategia de los gobernantes romanos de recurrir a demostraciones de fuerza y ​​atletismo para ganarse el apoyo de la multitud mientras los derechos y los deberes de otros ciudadanos se diluyeron.

Posteriormente, y para lograr estos u otros objetivos similares, los gobiernos pudieron organizar torneos ecuestres, duelos entre caballeros, competiciones de esgrima, concursos de tiro con arco, juegos de pelota a distancia y combate cuerpo a cuerpo en Oriente, entre diversas disciplinas.

Aunque la posibilidad de influir en la opinión pública a través del deporte dio un salto a principios del siglo pasado con la regulación y masificación del fútbol. En el Mundial de Italia de 1934, por ejemplo, las consignas fueron exaltación chovinista y propaganda racista. De hecho, Benito Mussolini no se anduvo con rodeos. “Que Dios le ayude si falla”, le dijo al entrenador de la selección italiana minutos antes de que la escuadra azzurra levantara los brazos sobre el césped.

Mientras que durante la Copa del Mundo de México 1970, por ejemplo, algunos dirigentes del Partido Revolucionario Institucional, en el gobierno durante medio siglo, intentaron hacer olvidar a la sociedad la masacre de estudiantes en Tlatelolco ocurrida dos años antes, cuando se celebraron las Olimpiadas que se celebraron en esta nación.

Lo mismo sucedió, como sabemos, con el Mundial 78 que se disputó en nuestro país. En el que la dictadura cívico-militar, en los meses previos y especialmente posteriores a la victoria del campeonato, utilizó innumerables medios publicitarios para tratar de cambiar su imagen y contrarrestar las denuncias sobre la violación sistemática de los derechos humanos.

Asimismo, en otro nivel y por motivos muy distintos, podemos citar todas las actividades impulsadas por el gobierno alemán del democratacristiano Helmut Kohl para vincular las celebraciones de la victoria obtenida en Italia 90 con la caída del muro de Berlín y la reunificación de Oriente con Occidente que concluiría meses después.

Y todo indica que en este Qatar 22, programa creado por los excesos del comercialismo deportivo y la corrupción institucional, lo que está en juego no será diferente. Y que las autoridades de este riquísimo emirato asentado en una pequeña península rebosante de arena, gas natural y petróleo intentarán aprovechar este acontecimiento para ocultar sus carencias en materia de libertades civiles, derechos laborales y respeto a la mujer.

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