Identidad: violencia | fútbol colombiano | selección colombiana | Columna de Fernando Araujo

En cierto modo, con este fútbol detrás del fútbol que se empezó a formar en Colombia en la década del 40 del siglo pasado, se podría empezar a concluir que su identidad siempre ha estado marcada y atravesada por la violencia, y que la violencia fue, en todas sus dimensiones, lo que no permitió que el juego, el propio fútbol, ​​tuviera una identidad clara, porque en lugar de debates serios y profundos, hubo complacencias y acuerdos que hicieron cientos de muertos. La urgencia del dinero siempre ha sido más importante que el juego y, por tanto, que los jugadores, que los técnicos, el análisis y la formación de las divisiones inferiores, y decididamente, mucho más importante que los proyectos a largo plazo, y cuando hay fueron, como los de Maturana y Hernán Darío Gómez en los años 80 y 90 con Nacional y la selección de Colombia, fueron bombardeados por intereses muy particulares y muy inmediatos.

Incorporar a Alfredo Di Stéfano, Rossi, Pedernera y Cozzi, luego a Valeriano López y Guillermo Barbadillo, por mencionar algunos, fue violencia. era colombia Haber permitido que la cultura del triunfo a toda costa y la cultura de los nombres sobre el proceso se arraigara en el fútbol colombiano de los años 60 fue violencia, y fue violencia, organizar campeonatos con los mismos equipos todos los años, sin ascensos ni descensos, y fue Era violencia pagar en dólares a los extranjeros que venían a terminar sus estudios, mientras que a los de aquí se les pagaba en pesos, si es que se les pagaba. Fue violencia, después, haber reconstruido la historia de la era El Dorado y decirle a la afición que los equipos de la época eran los “mejores” del continente, y algunos, como los Millonarios, los “mejores” del mundo. , aunque ninguno de ellos se habría mostrado en una cancha.

Fue la violencia, años después, de acallar los rumores que empezaban a circular sobre personajes sospechosos con su dinero extraño que comenzaban a entrar en el fútbol, ​​y fue la violencia de decidir en reuniones camufladas de las que los reporteros sólo hablarían o escribirían. lo que paso sobre el pasto verde, como mataron a un arbitro, a unos reporteros, a unos ejecutivos, y en mayusculas, al futbol. Era violencia ir a demostrar que los clásicos del fútbol eran realmente clásicos del cartel, y era violencia gritarlo y la respuesta era el silencio, ya veces la amenaza y el silencio. Violencia fue vender al fútbol colombiano como candidato al Mundial de 1994, y fue violencia que la discusión entre colombianos fuera cómo evitar las cien o más muertes que había causado la victoria sobre Argentina el 5 de septiembre de 1993, en vez de al menos. menos arrepentirse de ellos.

Fue violencia desgarrar y solo desgarrar cuando asesinaron a Andrés Escobar, y fue violencia seguir como antes, con los mismos personajes y el mismo dinero, y vender humo, ilusiones y comprar ese humo y así. muchas ilusiones, y fue violento comprobar que los que acaban con el fútbol son los mismos que viven del fútbol, ​​y el silencio sigue.

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