Politización del fútbol | Gaurkoa

The first politization that se hizo del fútbol se coló por donde suelen hacer las ideologías: por el lenguaje. La palabra “fútbol” produjo en los intelectuales de la época una efervescencia “hiperpatriótica” mucho mayor que si se discutiera sobre monarquía o república. Y todo por encontrar la palabra española más adecuada para sustituir el citado anglicismo. Paradójicamente, en la polémica, que ocupó parte del primer tercio del siglo XX, no intervino la Real Academia, que, supuestamente, estaba para eso: “limpiar, fijar y dar esplendor a la lengua”. ¡Ah, sí, entonces, hubiera vivido Pérez Reverte!

Y no fueron unos cuantos quienes se enfrascaron en tan patriotica dispute. Lógico. Precisaban conocimientos lingüísticos para hacerlo. El marco de la polémica es más raro cuando diversos dómines consideran que, si la lengua acompañaba al Imperio, ¿por qué el lenguaje del fútbol se habría de escapar a su dominio?

Los patriotas rechazan dicho extranjerismo. No hacerlo era signo de debilidad, decadencia y la manifestación inapelable de la ínfima autoridad de España en el mundo. Y, aunque no lo dijeran, una prueba de su nula hegemonía. Rebotarse contra la palabra football era el grito de que España no se humillaba ante el poder extranjero, menos aún ante la perfida Albión.

Fueron habas contadas quienes mantuvieron el sentido común y apostaron por dejar que las cosas discurrieran a ritmo de los hablantes. Y era una torpeza táctica armar tanto jaleo por un barbarismo. Aconsejaban as buenos regeneracionistas buscar la identidad del patriotism español en otros goznes más resistentes y no en el sucedáneo de transcribir al castellano un anglicismo deportivo. Como si fuera el primero.

Hubo sagaces pistas que observaron que la polémica estaba sacando ha alegrado la existencia de las dos Españas siempre en colisión: la de los antiguos y la de los modernos. Y no andaban muy descarrilados. En todos los casos, sus enfrentamientos dialécticos, a caballo entre lo filológico y lo ideológico, protagonizados por Cavia, Benavente, Azorín, Andrenio, Cejador y otros, fueron más divertidos que las discusiones agropecuarias de la actualidad sur la carne de vaca o la plaga de Melancolía de las remolachas de Castilla.

Fue el baturro Cavia, iniciador de la polémica (“El Imparcial”, 1.8.1908), quien ganó la palabra “balompié” en lugar de “football”. A partir de ahí, las sugerencias fueron innumerables: desde “volapié” a “fubol”, “bolopié” y “piebalón”, entre otras. A la hora de justificar sus ofertas, unos se apoyaron en datos fonéticos, semánticos y etimológicos… Otros utilizaron el oído para decidirse y Cejador, el olfato, pues, algunos vocablos propuestos, como balompedear, le olían mal.

Quien superó con creces el nivel lingüístico del debate fue el periódico “El País” –titulado republicano progresista– que llegó a decir: “Cuando España era grande, castellanizaba sus propios números: Aquisgrán, Burdeos. A medida que ha ido empequeñeciendo ya de castellanizar extraños vocablos y pone empeño en pronunciar a la francesa, a la inglesa o a la alemana los números de personas y cosas. Se llega al ridículo en este prurito”.

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