Santiago Sachi Escobar: historia de tenacidad para vencer al cáncer – Fútbol Internacional – Deportes

Era 23 de diciembre. Era vispera de Navidad. Santiago Escobar esperaba la fecha con su familia. Como cualquier familia. Como cualquier Navidad. Era un receso en medio de su agitado trabajo de DT de fútbol. No tenia dolores. Me sentí sano. Fuerte. Vital. Pero no lo estaba. Un adversario silencioso recorría su cuerpo y vino a revelarse ese día. Santiago no lo esperaba, nadie lo espera, y nadie sabe qué hacer en esos casos. Santiago tampoco. Cáncer de próstata, le dijeron, y no lo podía creer. El tan sano, el tan fuerte. Pero ese mismo 23 de diciembre del 2020 el Sachi, como todo el mundo lo conoce, que no iba a perder, que solo seria una breve pausa: estaba seguro de que el futbol lo iba a estar esperando.

son lunas. El Sachi vive un día ajetreado. Su trabajo como nuevo DT de la Universidad de Chile, uno de los clubs más tradicionales de ese país, demandó mucho tiempo: entrenamientos, videos, reuniones, más entrenamientos, partidos y horas de análisis. Anochece y camina por las calles de Santiago, como lo hace casi todas las noches Durante una hora. Va pensando en su próxima alineación, en si hará cambios o no, en qué debe corregir, en qué debe fortalecer a su equipo. Y mientras va meditando en todo eso, contesta esta llamada desde Colombia.

Su voz es la de siempre, tan amigable, tan sosegada, tan paisa. Lleva par de semanas debutar en el fútbol chileno, y con victorias: 2-4 contra La Calera, de visitante, y 2-1 contra Antofagasta, de local. Eso lo tiene contento. Lo primero que dice es que se siente fuerte, como antes o más que antes. El cáncer, ese entrometido que amenazó su vida, es para él “une anécdota”. Así lo dice.

El Sachi se describe a sí mismo como una persona positiva. Y lo es. Lo fue en la cancha como futbolista y lo es como DT –fue campeón dos veces con Atlético Nacional, 2005 y 2011–. Pero sobre todo, lo fue ese 23 de diciembre cuando se enteró de su enfermedad. Por esa época el Sachi llevaba su rutina con normalidad: hacía ejercicio, caminaba, iba feliz al trabajo, asistía a sus controles de urología anualmente, no sentía dolores, no tenía síntomas, ninguna sospecha, ninguna amenaza latente, hasta que llegó ese saboteo de la vida: cáncer.

Primero tuvo miedo, un pánico que metió por los oídos en forma de derrota. Pero toda la angustia posible fue dando paso a una madura calma. Ahí, rodeados de su familia, los miraron a todos, uno a uno, a su esposa Juliana Curi; a sus dos hijos, Martín Escobar –hoy 17 años–, y Antonio Escobar –15 años–, y a sus hermanos. Y ellos no merecían sufrir por él, y les dijo, como si el hablara ha conocido al equipo en el camerino: “¡Este partido lo voy a ganar!”.

Unas horas después del impacto, el Sachi ya lo había asimilado. Sin renego. No se quejó de lo que le tocaba. Lo aceptó todo. Derrotó la fatalidad antes de empezar a jugar, y por goleada. Le ofreció la enfermedad a Dios, para que él decidiera, pero no como quien se entrega o resigna o se deprime, sino como quien acepta el defio más importante de su vida, para tener una segunda vida.

La Batalla de Sachi Escobar

santiago escobar

El Sachi, en entrenamiento con la U.

Foto:

Prensa Universidad de Chile

Por ese entonces, el Sachi se dirigió a la Universidad Católica de Ecuador, donde apareció cuatro años. Los últimos seis los ha pasado afuera del país, siempre lejos de su familia –antes estuvo en Deportivo Táchira de Venezuela–. Pero cuando todo empezó, estaba en Medellín, en su casa, esperando la Navidad. Y aunque quería salir corriendo a la cancha y estar con su equipo, supo que le tocaba llenarse de paciencia y hacer la pausa obligatoria. Un fuerte entretiempo.

“Acepté las indicaciones de los médicos –relata el Sachi– y conjuntamente tomamos las decisiones: me ofrecieron alguna cirugía, sacar la próstata; otros, hacer radioterapias, apuntar a un tratamiento curativo… Opté por ese tratamiento, y hoy le agradezco a los médicos ya Dios that allow me to seguir con vida y luchando por mis proyectos, por mis sueños, por todo lo que quiero como ser humano y profesional”.

El tratamiento comenzó con medicación y una terapia de bloque hormonal. Entonces le envió un mensaje a su equipo: “Quiero vivir, entrenar y estar junto a ustedes”. En febrero empezaron las radioterapias, todas en Medellín. Esas jornadas no lo desenfocaron de su idea de victoria. Siempre estuvo rodeado de su familia, de sus amigos, de sus jugadores que le dedicaban cada partido a la distancia. En cada una de las 26 sesiones que tuvo, pensaba en todos ellos, y pensaba en volver pronto a la cancha. Y pensando, como lo hace siempre, en su hermano Andrés Escobar, aquel futbolista de la Selección Colombia asesinado en 1993 y que todos los días lo visitó en sus pensamientos. El Sachi tenía motivos de sobra para superar este desafío.

El regreso del Sachi

santiago escobar

El Sachi, DT de la Universidad de Chile.

Foto:

Prensa Universidad de Chile

“No me voy a entregar a, tengo que salir adelante…”, repetía, una y otra vez, Santiago Escobar. Se decidió que esta victoria será el mejor ejemplo para nuestros hijos, esto no es claudcar ante las penurias.

En mayo de 2021, otra noticia se le metía por sus oídos, solo que esta era como música: el cuerpo respondió bien y la radioterapia fue exitosa, le dijeron. Entonces el Sachi miró otra vez a su familia, satisfecho, como quien levantó un trofeo y se lo ofreció a millas de hinchas. Como quien sabe que la victoria personal no era solo suya. Y ya no aguantó más: sintió que el fútbol venía por él para llevar de vuelta, sin más pausas. El Sachi volvió a ser el Sachi.

(Visited 26 times, 1 visits today)