“Una película que gusta a todo el mundo es sospechosa”

fernando muñozfernando muñoz

San Sebastian

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para salvaguardar

es tan expresivo Alejandro González Iñárritu
que no puede evitar que sus gestos clamen cuando sus labios callan. Dice, aunque no lo pronuncia, que está enojado con los críticos que atacaron sin piedad su nueva película después del estreno en Venecia. Dice, en palabras menos directas, que no entendieron nada. O peor aún, que encontraron una intención que él mismo desconoce. Quien censura tu libertad. Que no ha leído una reseña en más de una década -aunque luego lo admite, en los archivos de su equipo- porque entonces tendría que enterarse de que quieren evitar que se pronuncie como artista.

Ahora en San Sebastian presentó una nueva secuencia de ‘Bardo’, que es el título de esta película entre autobiográfica y onírica cuyo título termina con el muñón de ‘Falsa crónica de algunas verdades’.

Peló 22 ​​minutos. “Le di músculo y le limpié un poco la grasa”, explica, y promete, habrá que creerlo, que el corte no viene por la presión de los malos comentarios de los festivales sino porque con sus películas anteriores ha hecho algo. parecido antes. “’21 gramos’ o ‘Babel’ los reabrí después de los festivales y no entregué [la versión definitiva] hasta el día antes del estreno. Sé que me voy a dejar una película de por vida, mejor la dejo como quiero”, concluye.

“Censura” y “libertad”

Lanzarse frente a la prensa eclipsó cualquier cosa que pudiera haber dicho sobre su ‘Bardo’, que significa algo así como “estado intermedio” para los budistas. Las más de dos horas de imágenes recorren sus recuerdos más íntimos, y habla de su mirada sobre el dolor de un niño por nacer, la relación con su padre, el frágil ego de un artista, la dulce historia de su país, de la sentimiento de no ser “de aquí o de allá” de inmigrantes, de posverdad, de amistad, de envejecimiento, de colonialismo… Todo se convierte en un alter ego bajo la forma de un exitoso periodista que vive en la frontera mental entre México y los Estados Unidos. Como él, claro: “El desplazamiento, la ruptura de la identidad, son temas muy difíciles de tratar y me han acusado de hacerlo desde el privilegio, que en este caso yo era un inmigrante privilegiado, pero al margen del éxito o del fracaso de la aventura, todos los que emigramos compartimos este malestar, y el hecho de haberlo podido filmar, con imágenes, que es lo único que sé hacer con mi vida, me llena de satisfacción”, expresó. admite.

En su respuesta, vuelve a hablar de “acusaciones”. Como en otras, lo hará a modo de “censura”, que mencionará cinco veces en apenas 15 minutos de conversación. “Te puedes paralizar culturalmente si no te atreves a hablar de ti, porque entonces empiezas a hacer productos a la medida, adaptaciones de novelas”, subraya, y enfatiza la libertad. “Desde que comencé a filmar esta película, sé el riesgo que estaba tomando. No lo hice por los aplausos ni por los premios, sino por una necesidad personal. Es normal que haya gente a la que no le guste. La película tiene muchos temas, muchas aristas, y hay quien se siente abrumado, y el mecanismo de defensa cuando no lo entiendes es el ataque personal. Nuevamente, el recuerdo de venecia durante su entrevista en San Sebastián. Por eso se defiende con una frase categórica: “La indiferencia es el peor castigo, una película que gusta a todo el mundo es sospechosa”.

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